viernes, 17 de septiembre de 2010

Matrix

Necesitaremos creer en nosotros mismos cuando empecemos a darnos cuenta que hemos estado viviendo una ilusión.

Cada uno de los seres humanos ha sido convertido en una batería con el objetivo de energizar al mecanismo (Matrix) por el cual los humanos sin darse cuenta desperdician sus  vidas en beneficio de las máquinas.

El mecanismo consiste en conectar a los seres humanos a una gran computadora central que se encarga de simular en sus mentes una vida normal interactuando con otros seres humanos.

El sistema es idéntico al que vemos en los cibercafes cuando un grupo de muchachos juegan simultáneamente un juego común. Cada uno es un personaje virtual que interactúa con los personajes virtuales de los otros jugadores. Los muchachos gastan su dinero  en hacer que el juego continue y las maquinas cada vez se van haciendo mas capaces de mantener a los muchachos jugando por mas horas.

Dicho de otro modo la película nos alerta de la eventual llegada de una época en la que todos nos pasemos los días jugando a ser nuestros personajes y gastando nuestro dinero para que el mecanismo (Matrix) cree más y mejores juegos cuyo fin es que nunca dejemos de jugar. Este sistema estaría protegido por los agentes que son los subprogramas encargados de velar porque ningún humano descubra que su personaje (avatar) no es él mismo y que las experiencias de vida son irreales.

La película informa que hay seres humanos que se han liberado de esa ilusión y habitan en Zion. Los rebeldes (los seres humanos liberados de la ilusión) desean liberar a los demás de la prisión en la que viven y centran sus esperanzas en aquel ser humano que, desconectado de la ilusión, es capaz de llegar a creer en sí mismo.

Dicho esto, es fácil cambiar de plano para observar que en realidad la película nos informa que la humanidad está dormida viviendo un mundo irreal y que lo que produce se destina a preservar la ilusión. En ese estadio ocurre que algunas personas empiezan a percatarse de ciertos errores en la ilusión que los inducen a concluir que en realidad viven en una mentira y quieren sacar su cabeza fuera del mundo de la ilusión para ver la realidad.

La clave del éxito está en creer en nosotros mismos cuando empecemos a descubrir que hemos estado viviendo en una ilusión y no en el mundo real que Dios creó para nuestra alegría.

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